Jon Cortina: un ejemplo a seguir

Copio el obituario que Religión Digital ha escrito sobre el fallecimiento de Jon Cortina, jesuita e ingeniero que dedicó toda su vida y todos sus conocimientos junto al Teólogo de la Liberación Jon Sobrino, y entre otros el maravilloso Ignacio Ellacuría, asesinado por la oligarquía, a colaborar con los mas necesitados en un país donde la miseria es la normalidad.
Un ejemplo, el de Jon Cortina, que no viene mal recordar, admirar y seguir en estos tiempos en que la jerarquía católica se manifiesta contra los derechos de algunos ciudadanos y hace de la defensa de privilegios poco evangélicos su única razón de ser. Como dijo otro gran hombre, creo que Monseñor Óscar Romero, también asesinado y cuya subida a los altares por parte de la Iglesia de Roma se retrasa y entorpece, "no entiendo porque si le doy limosna a un pobre, me llaman santo, pero si me pregunto porque es pobre, me llaman comunista". Al pueblo salvadoreño y latinoamericano, no les importa que no le santifiquen: ellos ya lo hacen cada año, cuando recuerdan a San Óscar Romero de las Américas.
Cuenta José Manuel Vidal en El Mundo que se preparó como ingeniero para servir a los ricos, pero entregó por entero su vida a los más pobres de El Salvador. El jesuita Jon Cortina llevó a la práctica la «opción preferencial por los pobres» que la Compañía de Jesús adoptó como inspiración. Y a los pobres se dedicó en cuerpo y alma, hasta que un derrame cerebral segó su vida a los 71 años de edad.
Había nacido en Bilbao en 1934, pero de sus 71 años, 52 los vivió en El Salvador, su país de adopción. Aunque nunca renunció a sus raíces vascas. De hecho, en su despacho de la Universidad Centroamericana, donde daba clases de Ingeniería, tenía colgado un póster del Athletic. Otra concesión a la morriña de su tierra natal era la taza con la silueta del Guggenheim con la que tomaba café todos los días.
Jon Cortina estudió Teología en Francfort, como su amigo y compañero Jon Sobrino, uno de los líderes de la Teología de la Liberación, para licenciarse, después, como ingeniero en Estados Unidos.Un ingeniero para los pobres. Por eso, ya entonces eligió como tema de su tesis los movimientos sísmicos en El Salvador, el país de los 25 volcanes.
Y al Salvador se fue muy joven y allí se quedó para siempre.Encarnado con los suyos hasta el final. Y para los suyos construyó puentes, excavó pozos y trazó carreteras. Sin darse importancia alguna. Como dice su compañero, José María Tojeira, «simplemente se daba». Eso sí, se indignaba con la injusticia, se solidarizaba con los débiles y ponía su extraordinaria inteligencia y sensibilidad al servicio de los demás. Todo un profeta de los pobres. Un profeta que, además, tenía un círculo de compañeros que remaban en la misma línea.
Los líderes intelectuales de aquel grupo eran Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría. Jon Cortina huía un poco de los intelectuales. A él le gustaba más mezclarse con el pueblo, hacer praxis las lindas teorías de los demás. Teoría y praxis revolucionaria de un grupo de jesuitas que molestaba a los poderes establecidos. Y decidieron acabar con ellos. A seis, entre ellos Ignacio Ellacuría, los mataron una noche los escuadrones de la muerte. Dos se salvaron, porque no estaban allí: Jon Sobrino, que se encontraba en Asia y Jon Cortina estaba con los pobres de Chalatenango.
Tras finalizar la guerra de El Salvador, el padre Cortina leyó un día un informe sobre los derechos humanos, en el que se denunciaba «las casas de engorde de bebés». Se trataba de casas donde se engordaba a los bebés robados a los pobres, para que cogiesen peso y poder venderlos mejor a las familias ricas.
Le causó tanto desasosiego este informe que, desde entonces, se empeñó en esta nueva cruzada. Y fundó la Asociación Pro-Búsqueda, para devolver a sus verdaderos padres a los niños desaparecidos durante la guerra civil que asoló el país de 1980 a 1992. Y recuperó más de 300 niños.
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Autor: Carmen Sánchez Carazo
Fecha: 16/12/2005 22:23.
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Autor: E . de F.
Fecha: 21/12/2005 16:18.


